Cuando los autócratas amenazan: así se defiende el periodismo alrededor del mundo (Criterio.hn)

Cuando los autócratas amenazan: así se defiende el periodismo alrededor del mundo (Criterio.hn)

Noticia publicada en Criterio.hn el 12/10/19

Por: Catalina Lobo-Guerrero 

El periodista de investigación ruso, Ivan Golunov, dice que nunca se ha fumado un porro, pero el 6 de junio de 2019 fue arrestado y acusado de tráfico de drogas. Su popularidad en las redes sociales se disparó durante los cinco días que estuvo detenido, superando, incluso, al presidente Vladimir Putin. Solo después de haber sido liberado, Golunov se enteró de que sus colegas habían activado una campaña masiva de solidaridad periodística, sin precedentes, tanto a nivel nacional como internacional, que no solo lo hizo famoso sino que dio resultados: los fiscales retiraron todos los cargos contra él.

Con Facebook, Twitter o YouTube, los autócratas creen que pueden ignorar a los intermediarios tradicionales de la información:los periodistas.

El caso de Golunov es solo uno entre muchos, alrededor del mundo. Los reporteros, especialmente los más independientes, críticos e investigativos, son blanco frecuente de la intolerancia hacia la disidencia de los gobiernos autocráticos. Este tipo de regímenes son más viejos que el periodismo y la democracia, y sus métodos son bien conocidos. Lo nuevo es la manera como usan el Internet y las plataformas de redes sociales para socavar la credibilidad de los periodistas, combinada con un manejo más sofisticado de los instrumentos legales y medidas burocráticas punitivas.

Pero hay esperanza. Esas mismas redes y herramientas también están siendo utilizadas por los periodistas para defenderse. Algunos de ellos compartieron sus historias durante varios paneles en la 11ª Conferencia Global de Periodismo de Investigación en Hamburgo, la semana pasada.

Trolls, Mentiras, Demandas y Multas 

Las redes sociales permiten que los autócratas le hablen directamente al público, amplificando sus versiones de la realidad y sus campañas de propaganda a un ritmo más rápido, a un volumen más alto, y a cualquier hora. Con Facebook, Twitter o YouTube, creen que pueden ignorar a los intermediarios tradicionales de la información: los periodistas. Pero los mejores no son simples mensajeros, desempeñan un papel fundamental al buscar una pluralidad de voces y fuentes para descubrir lo que es verdad o no, y sus historias a menudo cuestionan y contradicen las narrativas oficiales.

Un buen ejemplo es lo que sucede en Filipinas. Antes de llegar a la presidencia, Rodrigo Duterte fue alcalde de una de las ciudades más violentas del país y mandaba con una política de mano dura sin que los medios locales dijeran nada al respecto. “Cuando se convirtió en presidente, fue un shock para él que los medios independientes lo cuestionaran”, dice la editora gerente de RapplerGlenda Gloria, quien describe a Duterte como un “personaje feudal” que no está acostumbrado a varias voces y como el “presidente machista” que persigue a las mujeres periodistas, y también a las senadoras y magistradas de la corte.

Una de las primeras medidas que tomó al llegar al poder fue prohibir la entrada al palacio presidencial de los periodistas, para que no pudieran cubrirlo. Al mismo tiempo, se activaron ejércitos de trolls e influencers pro-Duterte en las redes que comenzaron a crecer y a tratar de influir a la opinión pública en contra de aquellos medios que eran más críticos, como Rappler, con agresivas campañas de desinformación que terminaron por ahuyentar a varios de sus anunciantes.

¿Qué podía hacer Rappler al respecto? Investigarlos, exponerlos y llevar su caso a Facebook, que tiene una enorme influencia en Filipinas. La compañía cerró 300 páginas vinculadas a estas campañas. Es algo, pero aún no es suficiente. Rappler también se vio obligado a buscar nuevas fuentes de financiación a medida que los anunciantes se fueron retirando por temor a represalias.

Comenzaron a hacer campañas de crowdfunding y a comunicarse mejor con su comunidad de lectores y seguidores pidiéndoles su apoyo ante el acoso que enfrentaba su equipo, que, además de los ataques en línea, Gloria describe como una combinación de “la burocracia movilizada y la ley armada” contra ellos.

En los últimos 13 meses, han abierto 11 casos judiciales o investigaciones contra Rappler, y a varios de sus miembros les han impuesto medidas como la prohibición de salida del país. Las han peleado y han pagado multas de más de US $50,000. Maria Ressa, su CEO y editora ejecutiva, ha sido arrestada dos veces. “Nos mantendremos firmes en la línea. Es el tipo de respuesta que merecen [nuestros seguidores] “, dice Gloria.

“Lo único que puedes hacer es responder inteligentemente. Investigamos a los trolls, quiénes eran, sus antecedentes, quién les pagaba y publicamos eso” —Gustavo Gorriti, IDL-Reporteros

En el Perú, un grupo de seguidores y miembros del partido del ex presidente Alan García lanzaron una campaña contra el periodista Gustavo Gorriti y su equipo en IDL-Reporteros, acusándolos de haber causado su suicidio. García se disparó cuando las autoridades llegaron a interrogarlo sobre su participación en el sofisticado esquema de sobornos que recibieron varios funcionarios gubernamentales y políticos de toda América Latina, para que la empresa brasileña Odebrecht se quedara con los principales contratos de obras públicas. Gorriti ha sido uno de los periodistas que más ha investigado y revelado los alcances de lo que ahora se conoce como el escándalo Lava Jato.

La campaña de odio contra estos periodistas en las redes sociales fue brutal, el hashtag #MuerteaGorriti circuló por varios días. Y un grupo de fanáticos furiosos marcharon con pancartas y arengas hasta las oficinas de IDL-Reporteros en Lima. Algunos de los mensajes dirigidos a Gorriti también eran antisemitas.

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“Lo único que puedes hacer es responder inteligentemente. Investigamos a los trolls, quiénes eran, sus antecedentes, quién les pagaba y publicamos eso ”, dijo Gorriti.

También demandaron legalmente a algunos de los acosadores por “difamación, calumnia y crímenes de odio”. Gorriti lo hizo siguiendo el ejemplo de un periodista finlandés que hizo lo mismo y ganó en la corte. Él sabe bien que el sistema de justicia peruano no es ni “limpio y perfecto”; de hecho, él ha investigado continuamente sobre la corrupción en su interior. Pero al dar ese primer paso, algunos de sus enemigos se retractaron.

Medidas más allá del periodismo

La idea de utilizar las mismas “herramientas de destrucción” que utilizan los gobiernos autocráticos para perseguir a los periodistas es controvertida. Pero también es ingenuo pensar que solo haciendo más reportajes y publicando más historias, se puede ganar la batalla: “Me pregunto, ¿el buen periodismo es suficiente?”, dijo Sheila Coronel, decana de Asuntos Académicos de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia.

“A veces tenemos que tomar algunas medidas, [hacer] más que periodismo”, le respondió Swe Win, editor en jefe de Myanmar Now, que pasó siete años en la cárcel. En una de sus batallas más recientes, no utilizó la ley contra sus enemigos, sino que recurrió a una táctica aún más antigua: escribir cartas a figuras clave de autoridad, que en este caso eran monjes budistas.

Los tres periódicos financieros más grandes del país imprimieron la misma portada en apoyo de Golunov. Su historia fue reproducida hasta en revistas de moda y jardinería.

En Rusia, tan pronto como Golunov fue arrestado arbitrariamente, sus colegas de Meduza, un medio de comunicación independiente, comenzaron a trabajar las 24 horas del día, los 7 días de la semana para que su caso estuviera en el radar de todos los demás. También compartieron la investigación que él había escrito (sobre las mafias poderosas que controlan la industria funeraria del país) con otros periodistas en todo el mundo para que la republicaran, y crearon una campaña en las redes sociales que exigía su liberación inmediata.

La respuesta fue sorprendente, tanto en Rusia como en el extranjero. Los tres periódicos financieros más grandes del país, que generalmente compiten entre sí, imprimieron la misma portada en apoyo de Golunov. Y su historia de corrupción fue reproducida hasta en revistas de moda y jardinería. Los medios locales incluso dieron un paso más allá: a partir de su historia, siguieron investigando y luego publicaron reportajes complementarios sobre lo que hacía la mafia de la industria funeraria en sus regiones.

La campaña de solidaridad viral en todas las plataformas y redes sociales motivó a otros que no son periodistas a involucrarse: celebridades, músicos, escritores y gente común y corriente que también se presentó y formó un solo piquete (la única forma de protesta en espacios públicos permitidos sin autorización previa) frente a las puertas de la Dirección de Investigación de la Policía en Moscú. Fue la presión de todas las partes lo que logró cambiar la situación legal de Golunov.

El frente digital

El ciberespacio es el territorio que muchos periodistas sienten que necesitan defender con mayor firmeza ante los intentos de control y manipulación de los gobiernos autocráticos.

Muchos no lo hacen directamente, sino que usan firmas de relaciones públicas o empresas de estrategia privadas. Según María Ressa, hay varias redes mundiales de desinformación en muchos países que operan a través de diferentes compañías. En una entrevista reciente que Christopher Wylie, uno de los informantes del caso Cambridge Analytica, le dio a ella, le dijo que Filipinas y otros países del Sur Global habían sido utilizados como “placas de Petri” porque tienen controles más laxos que el resto. Una vez que estas compañías descubrían las tácticas que funcionaban en esos países, las “trasladarían” a los países occidentales.

“Si el periodismo, per se, cae ante entornos represivos, entonces ninguna de nuestras habilidades técnicas servirá de mucho.” —Mahfuz Anam, editor del Daily Star

En otros lugares del mundo, es el Estado o el partido de gobierno el que controla todo. En China (donde los periodistas y los medios de comunicación necesitan permiso del gobierno para trabajar y Facebook, Twitter y YouTube están prohibidos), la censura y las tácticas punitivas se están endureciendo: hay una ofensiva contra el uso de las VPN, el administrador de cualquier chat en Weibo o WeChat puede ser penalmente responsable ante cualquier acción legal, e incluso Winnie the Pooh (usado en los memes para burlarse de Xi Jinping) ha sido vetado. “Da risa, pero lo que está pasando no es para reírse”, dice la profesora Yuen Ying Chan, de la Universidad de Hong Kong.

Es por eso que en su ciudad natal, la Revolución del Agua (bautizada así en honor a la filosofía de Bruce Lee “ser como el agua”) está que arde por estos días. Ella dice que la gente no está dispuesta a renunciar a sus libertades tan fácilmente. Entienden el poder de Internet y las redes sociales, y lo han estado utilizando para organizar las protestas. Para los periodistas en Hong Kong, tanto locales como extranjeros, las fotos y videos tomados y compartidos en redes por los ciudadanos han sido elementos indispensables de investigación visual forense, que han aprovechado para elaborar reportajes sobre cómo han reprimido a los manifestantes.

“Nuestro futuro está en el espacio digital”, dice Mahfuz Anam, editor del Daily Star en Bangladesh. Su sitio web tiene diez veces más lectores que la versión impresa. Y dice que es justo en ese espacio que la libertad de prensa de su país está siendo amenazada, debido a una nueva ley de seguridad digital. Según Anam, con la excusa de que necesitan proteger a las personas del contenido violento que circula en sitios web y plataformas, esta ley le da a la policía un poder sin precedentes para reprimir a los medios libres e independientes. Le preocupa que el miedo a terminar en la cárcel pueda generar altos niveles de autocensura.

“Este espacio es realmente mi espacio, es tu espacio”, dijo Anam a otros periodistas en la conferencia, y les pidió que lo defendieran como un frente unido global. Cuestionó las actitudes “autocomplacientes y egoístas” de muchos en la profesión: mientras los periodistas han estado ocupados pensando en los ingresos y aprendiendo las últimas herramientas y tendencias en datos y técnicas de investigación, los autócratas han estado avanzando en sus propias agendas. “Si el periodismo, per se, cae ante entornos represivos, entonces ninguna de nuestras habilidades técnicas servirá de mucho”.

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