Blindaje y destrucción del Estado de derecho

Blindaje y destrucción del Estado de derecho

Por: Carlos Rivera

Ayer se consumó lo que desde hace muchas semanas se veía venir. Me refiero al blindaje del Fiscal de la Nación en la Comisión Permanente del Congreso con la no aprobación del Informe Acusatorio presentado por el congresista Juan Sheput. Los innumerables audios del entonces Fiscal Supremo Pedro Chávarry negociando acuerdos ilegales con César Hinostroza, la reunión en la casa de Camayo y el escándalo de los audios de la corrupción que pusieron en evidencia la existencia de una organización criminal enquistada en las máximas instancias del sistema de justicia y haciendo todo lo posible para controlarlo, finalmente no han servido de nada. Chávarry continuará siendo el Fiscal de la Nación, aunque ni él debe saber por cuanto tiempo.

Desde ayer Chávarry supervivirá en una situación marcada por dos aspectos: el primero es que ahora -literalmente- le debe todo al fujimorismo, y en ese escenario las complejas y avanzadas investigaciones penales que este grupo y su lideresa tienen harán que inexorablemente pague pronto. Lo de la fiscal Delgado apunta en esa dirección. El segundo es que enfrenta la más profunda crisis y división interna de su institución. Nunca antes diversas Juntas de Fiscales habían expresado públicamente su exigencia de que el Fiscal de la Nación deje el cargo. Los fiscales saben que Chávarry ha canjeado el Ministerio Público por la protección política que necesitaba para permanecer en el cargo, pero su blindaje será la destrucción de esa institución.

Un objetivo central de aquella organización criminal no solo era controlar el CNM y con ello la designación de jueces y fiscales, sino controlar la Fiscalía de la Nación. Por eso el interés del destituido Hinostroza -pieza clave de esa organización- para armarle una reunión con la “prensa amiga”, para consolidarlo ante la opinión pública. Todos ellos sabían lo trascendental que era controlar la cabeza del órgano encargado de la persecución del delito en el Perú. El fujimorismo y el aprismo saben perfectamente de lo que escribo. Querían un instrumento funcional a sus intereses y Chávarry ahora juega ese triste papel.

Lo que parecía surgir como un momento de posibilidad histórica para cambiar en algo significativo la justicia en el Perú y, sobre todo limpiar buena parte de la corrupción sistemática existente en las cabezas del aparato judicial, se ha terminado convirtiendo en un drama para el país y en la negación de esa posibilidad. Todo gracias a quienes en el pasado inmediato sojuzgaron a la justicia hasta convertirla en un fantoche bajo control de Montesinos.

 

Publicado en La República

 

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